Cómete los sueños

Nadie sabe exactamente de qué están hechos los sueños. Supongo que de un conjunto de imágenes, de expectativas, de ilusión… yo creo que si pudiésemos probarlos, su sabor sería comparable a ese arroz al horno un domingo para comer, como el champagne que utilizamos para las ocasiones especiales, como un algodón de azúcar en la feria o como los bombones crocantes de foié y almendra en ese restaurante de diseño que conoces. Todo un lujo para el paladar si conseguimos hacerlos realidad. Sueños dicen, yo los llamaría bocados de felicidad. Por eso cuando logramos alcanzar uno de tantos que tenemos, por pequeño que sea, paramos de comer. Pero todo el mundo sabe que por lo menos son necesarias 5 comidas al día. Y las personas que creen en si mismas lo tienen muy claro. Y aun sin hambre, siguen cumpliendo sus sueños. A pesar de que alguno de esos bocados no sean como esperaban. Ya sabes, un sueño que te explota en la boca con sabor a vinagre, o a sal. Mal sabor y peor digestión. Es el precio a pagar para los soñadores. En cambio, hay otros que saben a gloria y por los que merece la pena, incluso empacharse. Siendo sincera, prefiero unos días con el estómago revuelto a toda una vida con hambre.

Laura Lozano.

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