no sé como hacerlo peor

Ni que fueras a volver por mirar una y otra vez tus fotos. 22:03. 23:15. 00:36. Tu última conexión tampoco va a hacer que nada cambie. Manías que rozan lo obsesivo. Hay que entender que cuando algo se acaba, no hay más vuelta de hoja. En los cuentos lo que no te dicen es que el príncipe azul al final destiñe y que la princesa es todo un sapo sin maquillar. Al final, la princesa se cansa de bajarle la tapa del váter al príncipe y el príncipe se pasa toda su vida buscando la fórmula para que la princesa no le moleste mientras ve el fútbol. Hay que aprender a superar y olvidar. Eliminar esa intolerancia al fracaso, a equivocarte, a cagarla hasta el fondo. Debemos comprender que hay cosas que ya se han ido y que no tienen ninguna intención de volver a ser o de empezar de nuevo. Y aunque ahora no lo creamos, es mejor. Hay que borrar el chip y cerrar la puerta. Y que no te vea asomar ni un poquito de esperanza por la ventana. La esperanza es una ilusión que agota y ya no hay tiempo para más gilipollas. Has perdonado lo imperdonable, has aguantado lo inaguantable y has justificado lo injustificable. Una y no más, Santo Tomás. No busques más, mejor que te encuentren y mientras tanto, ten claro que nadie te va a querer mejor que tú mismo.

Laura Lozano

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