más vale prevenir que curar

Y entonces comprendí que la primavera podía llegar en pleno Diciembre, que las tardes de domingo servían para algo, que aquel puzzle estaba incompleto. Fue así como me alegré de que te fueras porque me diste la oportunidad de que alguien llegara. Y llegó. Porque las cosas, siempre llegan. Y empecé a enredarme en otra sonrisa, empecé a jugar a que me encontraran y a encontrarme si me miraban. Le abrí la puerta a la ilusión y dejé entrar a las ganas. Me costó, pero poco a poco volví a ser yo misma. Cerré fuerte los ojos y deseé a alguien que no se pareciese a ti. Y se cumplió. Empecé a sonrojarme cuando me guiñaba el ojo. Cuando hablaba. Incluso cuando pasaba por mi lado. Las palabras me bailaban y yo no sabía ni que decirle. Una sensación que bajaba desde el estómago hasta los pies. ¡Volvía a funcionar de nuevo!, aquel órgano que parecía oxidado volvía a hacer lo de siempre: latir. Latía por alguien, no lo hacía por hacer. Y me dí cuenta de que solo hay que esperar a la persona adecuada para hacer funcionar de nuevo tu corazón. 

No malgastes latidos…

Laura Lozano

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