retales

Recuerdo haberlos visto juntos, alegres, lejos de aquí. Más lejos de lo que tú y yo podemos imaginar. Cuando salió de casa, se paró el mundo, el mundo y el corazón. Allí estaba él y yo inmóvil. Las ganas le ganaron el pulso a la lógica y al orgullo. Las chispas pasaron a un segundo plano. Podías notar el calor entre los dos a kilómetros. Se deseaban, eso era evidente. También me acuerdo de que se besaron, se besaron mucho. Y entre beso y beso se les escapaba una sonrisa, evitable quizás, pero que no querían esconder. Y se querían. Ahí ya no sé decirte si mucho o poco, pero se querían. Y se besaban. Se bañaban en los ojos del otro. Y se comían cuando nadie les miraba y cuando les miraban también. Solo hacía falta verlos pasear por aquella ciudad…era increíble. Podías masticar su felicidad. Pero el problema vino cuando ella decidió que solo quería sus besos. No contaba con la distancia: y ella volvió donde siempre, con un nudo en el estómago y en el corazón. Se llevó unas raciones de más de sus besos pero le sirvieron hasta que se subió al tren. Los besos son cosa de dos y ahí faltaba él.

el antojo de sus besos fue una tortura…

Laura Lozano

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