cicatrices de la soledad

Tus besos. Las tardes en tu habitación. Tu sonrisa. Las noches en tu habitación. Tus guiños. Las mañanas en tu habitación. Los desayunos que me preparabas. Los que te preparé yo. Mi ilusión. Tus sorpresas. Las mías. Tu voz. Tus manos. Tu cuerpo. Tú. Tú y tú. Todos y cada uno de los amaneceres que compartimos, todos esos silencios llenos de palabras, todos aquellos enfados llenos de pasión. Ya no hay nada. Ya no estas tú. Ya nadie llena mis días ni mi cama. Del corazón ya ni me acuerdo, no sé ni qué coño hacer con él porque no me trae más quė problemas. Intento dejármelo en casa y siempre se me cuela en algún bolsillo y me acompaña allá a donde voy y como comprenderás, así no hay forma de hacer las cosas bien. Yo lo único que le pido es que me suelte, que deje de pegarse a mi pecho, que pare de ilusionarme. Más lucidez y menos maripositas. Con la cabeza me basta, te lo digo yo. 

Laura Lozano

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