da igual

Intentas recordar cuando fue la última vez que tuviste suerte y no te salen las cuentas. Te han machacado por dentro, de un golpe te han partido enterita. Es algo así como aquella llamada que esperas y nunca llega. Como un jarro de agua fría. Como salir de casa y que se ponga a llover. Como aquel portazo que todavía recuerdas. Como aquel adiós que no entendiste. Y es entonces cuando dejas de creer en las personas, en las casualidades y en el destino. De repente se te ha escapado esa poquita felicidad que tenías entre las palmas de las manos. Y no hay forma de que vuelva, o sí, pero sabes que no lo hará. Sabes que no habrá sorpresa, que no vendrá a buscarte. Y te toca dejar de llevar a cuestas esa ilusión que tenías, abrir el cubo de la basura y tirarla toda. Ya no hay manera de aprovecharla. Ni ganas. Y te arrepientes de no haber podido dejar de sonreír durante tanto rato, de desear que llegase la hora. Se te corre el rímel y la autoestima y no hay nada qué hacer. El te lo dije que más duele es el que se dice uno mismo y sí, te lo dije. Pobre inocente…

Laura Lozano

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