si se quiere, se puede

Y ahora me pregunto, ¿por qué debería hacerlo yo?. Me acuerdo todos los meses que me pasé esperando un simple gesto y tú te negaste. Cada mañana abría el buzón esperando una carta tuya incluso llegué a pensar que podrías aparecer cualquier día por sorpresa. Te imaginé tantas veces paseando conmigo mientras yo te enseñaba todo lo que estaba aprendiendo. Pero se te acabó el tiempo y tú ya lo habías hecho: nada. Lo habías tenido todo a tu favor y decidiste que preferías decepcionarme. Era mejor desgastar lo nuestro que hacer un esfuerzo por cuidarlo. Durante meses vi cómo movías cielo y tierra por todas aquellas cosas que te gustaban. A mi me apartaste y creíste que así estaría bien. Y lo único que pasó es que dejé de creerte a ti y a tus palabras. ”Te he echado tanto de menos”, que bonito decirlo y cómo cuesta demostrarlo. Cómo cuesta si no quieres, claro. Porque a veces ocurre que con simples gestos, las cosas se demuestran solas.

Laura Lozano

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