que ser cobarde no valga la pena

Me prometiste una y otra vez que cambiarías. He sido un capullo y ahora tengo tanto miedo de perderte que estoy dispuesto a hacer lo que sea por evitarlo. Ya no solo porque te quería, sino también por evitarnos el mal trago, yo me lo creía. Que todo cambie para que todo siga igual. Y aquellos fantasmas que me jurabas eliminar siempre volvían. Tu actitud se había encargado de camuflarlos durante semanas. No querías hacerlos desaparecer y nunca entendí porqué. Quizá por comodidad o quizá por manía, quién sabe. Pero el rastro de todo aquello que me hacía dudar se veía a kilómetros. Nunca fuiste lo suficientemente hábil para acabar con ellos. Y el miedo se apoderaba de mi: había tantos y si que me parecían probables que ese futuro tan claro que nos planteábamos juntos era cada vez más borroso y comenzaba a temblar. Y con él todos los cimientos de aquel hogar de recuerdos que habíamos construido. Así que me retiré de aquella batalla con mi esperanza a cuestas y acepté que lo nuestro no era suficiente motivo para corregir tu actitud.

Y cuando lo hiciste ya era tarde. Ya había abandonado por completo.

Laura Lozano

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