adiós envenenado

Es una pena que decidamos juzgar cuando no tenemos ni idea de lo ocurre cuando discuten dos personas. Negarse a escuchar a las dos partes, taparse las orejas, los ojos y el corazón. Posicionarse sin conocer lo que realmente han sufrido ambos. Incluso lo que continúan sufriendo. Ser lo suficientemente inmaduro como para no querer aceptar que las personas que nos rodean no tienen porqué tener la razón, pero sobre todo, ser lo suficientemente egoísta como para olvidar todo lo que han hecho por nosotros aquellos a los que no queremos escuchar: gestos, detalles, favores. Todo queda entonces reducido a un saludo de lejos; no vaya a ser que seas lo suficientemente valiente como para tomar tus propias decisiones. Que no te justifiquen, sabes perfectamente lo que haces. Eso sí, debo decirte algo: los errores se olvidan, las decepciones no.

Laura Lozano

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