debilidades

Hacía tiempo que ya no la notaba igual: su mirada había perdido color, se le había apagado la sonrisa, ya no quería ni verse en el espejo. Lloraba con una facilidad pasmosa y cada vez notaba la felicidad un poquito más lejos. Se limitaba a dejar la vida pasar, había entregado las armas después de luchar durante tanto tiempo. Y cada día le dolía un poquito más el corazón, porque lo peor de fallar, es fallarse a uno mismo. Ya no tenía más excusas que ponerse, ni ganas de inventárselas. Siempre tuvo fuerzas pero decidió abandonar sin esperar a que la partida terminase. Sin saber hacía qué lado había caído la moneda. Había dejado de creer en sí misma y no sabía cuándo podría volver a hacerlo. Yo siempre se lo dije: ”tú peor enemiga eres tú misma”.

Laura Lozano

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