acompañante de vida

Te quiero por todas las veces que te pillo mirándome. Por esas caras para hacerme reír cuando nadie se da cuenta. Te quiero por estirarme de la mano cuando estoy a punto de elegir un camino que no me favorece nada. Por convertirte en cómplice de mis desastres. Te quiero por la libertad. Por aguantar mis tormentas sin paraguas. Pero sobre todo, te quiero los domingos. Esos días en los que no sé muy bien qué hacer con mi vida y lo único que tengo claro eres tú. Porque los domingos me doy cuenta de que no somos tan diferentes, de que echo de menos tus manos jugando por mis caderas y de que quiero que sigas ocupándome la cama, la vida y el corazón.

Laura Lozano

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cuídate allí arriba

Te echo de menos. No voy a mentirte. Tengo el pecho partido en dos desde que te marchaste. Qué golpes da la vida y qué poco le importa si estás preparada o no. Qué manera de recomponerme el corazón, a trozos, cómo buenamente he podido. Qué injusto que solo tuviera una opción: la despedida. Qué rabia tener que conformarme con que ya no estés, que vayas a perderte todas las cosas que me quedan por conseguir y que tanto te gustaba celebrar. Cuántas cervezas se nos han quedado pendientes, cuántos mensajes, cuántos viajes por contarte. Pero, ¿sabes qué? las personas no mueren mientras haya alguien que las recuerde.

Y yo siempre te recordaré.

Laura Lozano

Más libre que nunca

Me tragué desde pequeña mi habitación pintada de rosa, mis sábanas rosas, mis juguetes rosas. Esa tontería de no poder elevar la voz porque así ‘no se comportaban las señoritas’. Tuve que escuchar una y otra vez que ‘el baloncesto es un deporte de chicos‘. Soporté (y lo sigo haciendo) todos esos consejos para que me maquillara ‘porque estaría mucho más guapa‘. Todas esas veces en las que me recomendaron que llevase tacones ‘porque me estilizarían un montón‘. E incluso que me pusiera algún vestido ‘porque son muy femeninos‘. Lloré de rabia cuando me dijeron que yo no podía ir si iba sola. Que tenía que volver pronto. Que enviara un mensaje cuando estuviera en casa de mi amiga. Me crucé con manadas que me llamaron gorda, estrecha y fea por haberle dicho que no a uno de sus lobos. Perdí los papeles con cada uno de los que me intentó tocar el culo y me encaré con otros tantos cada vez que lo hicieron con mi amiga.

Por eso creo que las reglas del juego tienen que cambiar necesariamente, que debemos dejar de ser lo políticamente correctas que se espera de nosotras. Que somos libres de llevar la falda tan corta como queramos, de gritar, de volvernos completamente locas y de ser como nos dé la gana. Así que vamos a cambiarlo todo. Vamos a luchar. Sin miedo. Por ellas, por nosotras, por todas.

Laura Lozano

No era tanto lo que pedía

¿Por qué te conformas? ¿por qué vas rogando besos a medias, caricias? ya no hay qué tal el día, ya no quedan estoy aquí con tus dibujos en mi pierna por debajo de la mesa, se han acabado las risas cómplices sin ningún motivo. Puede ser por el tiempo, por la intensidad de todo lo que ha ocurrido, por haber tenido que crecer demasiado rápido. Dejé de quererme a mi para quererte a ti, para que nunca te sintieras solo, para que siempre tuvieras ganas de luchar por ese sueño en el que nadie cree. Pero yo sí. Utilicé los días para curarte, remendando cada herida de mi piel sin pedirte ayuda. Y lo hice porque lo sentía: por verte bien, feliz, tranquilo. Dejé los gritos, los enfados y lo humos, o, al menos, lo intenté. Y así fue como la balanza se desequilibró hacía un lado totalmente, así fue como tuve que salvarme con lo poco que me dabas, así fue como acabé perdiéndome a mi misma. Una pena no haber frenado a tiempo. No era tanto lo que pedía.

Laura Lozano

Yo te ayudo

Baja que nos vamos. Estoy en la puerta de tu casa. Tienes cinco minutos para prepararte. No acepto un no por respuesta. Me da igual que no tengas ganas; ponte lo primero que pilles. No me importan tus ojeras, ni te maquilles. Hoy nos vamos. Lo más lejos que podamos: o, al menos, lo suficiente como para dejar de darle tantas vueltas a las cosas. Vamos a tomarnos una cerveza. O dos, o tres. No arreglaremos el mundo pero, al menos, lo intentaremos. Las soluciones no van a ser fáciles y debes tener algo bien claro: la vida es muy puta a veces. Llora si te apetece, no voy a juzgarte. No te encierres; no estás sola en esto: déjame ayudarte.

Laura Lozano

Invisible

No te voy a mentir, a veces yo tampoco puedo más. Veo el límite más cerca de lo normal. Me he cansado de ser fuerte, de meterme los problemas en la mochila y seguir hacia delante. Aquí dejo la mochila, yo ya no puedo más. No quiero que mi única opción sea la de ser fuerte. No quiero tener la obligación de levantarme de una caída de la que todavía no me he recuperado. No me apetece seguir dentro de una batalla perdida. No entiendo porqué todos estos golpes. Solo siento impotencia viendo cómo lo más malo siempre le pasa a la persona más buena. Hoy quiero entregar las armas y rendirme; no tengo ganas de ser para nadie, ni para mi misma. Hoy me apetece abandonar, ser invisible.

Laura Lozano

Por ti

Sé consciente de quién eres. De lo que vales. De lo que te mereces. Quiérete. Decide qué es lo que quieres. Y ve a por ello. Y si quieres conseguirlo, consíguelo y si no te da la gana, no lo hagas. Aléjate de quienes se empeñen en poner en mayúscula todos los no que acompañan al verbo servir, poder y saber. No sirves, no puedes, no sabes. Rodéate de personas cuyo objetivo no sea apagar tu luz. Sino brillar a tu lado. De esas que te animan a seguir intentándolo porque saben que vas a conseguirlo. De todas aquellas que se alegran de que lo hayas logrado. Esa gente es la que merece la pena.

Laura Lozano